03/04/2025 - Edición Nº265

Psicología

Parejas NPNC

No Preguntes No Cuentes : ¿nueva forma de libertad o evasión emocional? ¿Nueva forma de relacionarse? 

31/03/2025 01:10 | En el panorama actual de las relaciones de pareja, comienzan a observarse dinámicas que desafían las estructuras tradicionales. Una de ellas es la de parejas que deciden convivir sin exclusividad, pero, curiosamente, sin hablar del tema



En el panorama actual de las relaciones de pareja, comienzan a observarse dinámicas que desafían las estructuras tradicionales. Una de ellas es la de parejas que deciden convivir sin exclusividad, pero, curiosamente, sin hablar del tema. A simple vista, podría interpretarse como un acuerdo basado en la libertad individual, pero desde la psicología y la sexología, este modelo plantea interrogantes profundos sobre los vínculos afectivos, la comunicación y la verdadera naturaleza de la conexión entre dos personas.

Una tendencia en crecimiento

Históricamente, la convivencia ha estado ligada a la idea de compromiso y exclusividad, pero cada vez más parejas optan por estructuras flexibles. Lo llamativo en este caso no es solo la ausencia de monogamia, sino la falta de diálogo sobre ello. No se trata de relaciones abiertas en el sentido clásico, donde hay acuerdos explícitos sobre la posibilidad de involucrarse con otras personas. Aquí, la regla implícita parece ser “no preguntes, no digas”, una especie de pacto de silencio que permite que ambos actúen con total libertad sin enfrentar la incomodidad de hablar al respecto.

Desde una mirada psicológica, esta tendencia podría estar relacionada con una nueva forma de evitar conflictos en la pareja. En lugar de negociar términos y exponer emociones, simplemente se omite la conversación, dejando que cada quien gestione sus acciones y sentimientos de manera individual.

¿Es realmente una elección o un mecanismo de defensa?

La clave para entender este fenómeno es diferenciar entre una decisión consciente y una estrategia de evasión. En algunos casos, esta modalidad puede ser el reflejo de una madurez emocional en la que cada miembro de la pareja comprende y respeta la autonomía del otro. Sin embargo, también puede responder a un miedo al conflicto, a la vulnerabilidad o a la posibilidad de enfrentar sentimientos incómodos como los celos o la inseguridad.

La convivencia genera inevitablemente un grado de intimidad emocional. Se comparten rutinas, espacios y momentos significativos, lo que puede fortalecer los lazos afectivos. Pero, ¿qué ocurre cuando uno de los dos comienza a desarrollar sentimientos más profundos mientras el otro mantiene una postura de desapego? Sin comunicación clara, este desequilibrio puede derivar en frustración y sufrimiento silencioso.

El pacto implícito: “Si no se habla, no existe”

La base de este modelo es el acuerdo tácito de no abordar el tema. Cada uno sabe que el otro puede tener experiencias fuera de la pareja, pero la consigna es no mencionarlo. Este pacto de silencio parece funcionar en tanto ambos lo respeten y logren mantener la estabilidad emocional. Sin embargo, al no establecerse límites claros ni mecanismos de contención emocional, el riesgo de malentendidos y conflictos latentes es alto.

Desde la sexología, se sabe que el deseo y el amor pueden transitar caminos diferentes, pero cuando hay convivencia, la dinámica cambia. La repetición de encuentros, el compartir el día a día y el generar rutinas en común pueden activar expectativas emocionales que no estaban previstas al inicio de la relación. En este punto, la ausencia de diálogo puede convertirse en una fuente de incertidumbre y ansiedad.

¿Es un modelo sostenible?

Toda relación necesita acuerdos, aunque sean implícitos, para funcionar. La gran incógnita es si esta modalidad es sostenible a largo plazo o si, eventualmente, se convierte en un foco de conflictos emocionales no resueltos. En algunos casos, la falta de comunicación puede permitir que la relación fluya sin presiones, pero en otros, el silencio puede transformarse en una trampa en la que los sentimientos no expresados terminan afectando el bienestar de uno o ambos integrantes.

La clave no es imponer reglas rígidas ni regresar a modelos tradicionales, sino comprender qué se está buscando en la relación y si realmente esta modalidad satisface las necesidades de ambos. La madurez afectiva no se mide por la capacidad de evitar conversaciones incómodas, sino por la disposición a enfrentarlas con honestidad y apertura.

La gran incógnita es si esta modalidad es sostenible a largo plazo o si, eventualmente, se convierte en un foco de conflictos emocionales no resueltos

Reflexión final

Las relaciones de pareja están en constante transformación, y esta tendencia es una muestra más de que los modelos afectivos se adaptan a los cambios sociales y emocionales de cada época. Sin embargo, más allá de las estructuras que se elijan, la comunicación sigue siendo la piedra angular de cualquier vínculo saludable.

Vivir juntos sin exclusividad puede ser una elección válida, pero el verdadero desafío es asegurarse de que el silencio no sea una forma de evitar emociones, sino una decisión consciente que ambos compartan con claridad y seguridad emocional.

                                                                                                                                                   Lic. Laura Caballaro