25/06/2026 - Edición Nº713

Prevención

La ludopatía no solo engaña a los demás.

Cuando la verdad a medias duele más que la mentira

24/06/2026 18:44 | “Una verdad a medias es peor que una mentira.” Esta enseñanza ancestral, presente en la filosofía hindú y reflejada en el épico Mahabharata, encierra una profunda reflexión sobre la honestidad y la confianza: una verdad incompleta puede causar más daño que una mentira abierta, porque suele implicar una forma de traición. En la clínica de la ludopatía, esta realidad se vuelve evidente. La persona con juego compulsivo rara vez miente de manera directa; con frecuencia construye medias verdades: “solo jugué un rato”, “esta vez sí me controlo”, “no gasté tanto”. Estas frases, que pueden parecer inofensivas, funcionan como mecanismos de autoengaño. Protegen momentáneamente del dolor de reconocer la adicción, pero al mismo tiempo perpetúan el problema y dificultan la recuperación.


por Lic. Laura Caballaro


 daño invisible “Cada media verdad mantiene viva la adicción y destruye la confianza que más importa: la emocional.” Las medias verdades suelen deteriorar la confianza más rápidamente que una mentira evidente. Cuando una pareja o un familiar descubre que ha sido engañado de forma parcial, el impacto emocional suele ser doble: Por la pérdida de confianza en la persona que ocultó la realidad. Por la duda que surge sobre la propia percepción: “¿Cómo no me di cuenta?” En ese momento, la traición emocional se convierte en una de las heridas más profundas. Muchas veces resulta más difícil de reparar que las pérdidas económicas derivadas del juego. El vínculo se contamina con sospechas, aparecen sentimientos de decepción y la relación queda marcada por cicatrices que requieren tiempo y compromiso para sanar. Reconstruir desde la verdad “El autoengaño del ludópata no solo hiere a los demás: también lo aleja de sí mismo.” La ludopatía no afecta únicamente la economía o los vínculos familiares. También genera mecanismos de negación y justificación que dificultan reconocer la verdadera dimensión del problema. Muchas personas intentan minimizar las pérdidas, racionalizar sus conductas o sostener la ilusión de que podrán recuperar el control sin ayuda. Sin embargo, estas estrategias suelen profundizar el sufrimiento y retrasar la posibilidad de un cambio genuino. Desde la psicoterapia, el trabajo consiste en acompañar a la persona para que pueda identificar estas distorsiones, asumir la realidad de lo que está viviendo y construir una relación más honesta consigo misma y con los demás. Aceptar la verdad no implica condenarse ni quedar atrapado en la culpa. Por el contrario, significa abrir la puerta a la transformación. Solo desde ese reconocimiento es posible reconstruir la confianza, reparar vínculos, fortalecer la autoestima y recuperar la capacidad de elegir con libertad el propio camino. “Reconocer la verdad, aunque duela, es el primer paso hacia la libertad y la recuperación.” La filosofía hindú nos recuerda que el autoengaño es un enemigo silencioso del crecimiento personal y que la verdad, aun cuando resulte dolorosa, constituye el inicio de la liberación. El proceso terapéutico invita precisamente a recorrer ese camino: pasar de la negación a la conciencia, y de la conciencia a la recuperación. La verdad puede doler por un momento; el autoengaño puede hacer sufrir durante años. Lic. Laura Caballaro Psicóloga, Sexóloga y Gerontóloga Escritora y Directora de Código Vida

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